Hace unos meses que decidí simplificar mi vida y por tanto la de mi familia también. Hacía meses que estaba agobiada, cansada, desilusionada con todo el trabajo que tengo en casa y no verla nunca en orden.

Comencé por vaciar nuestros armarios y donar toda la ropa que no utilizamos.  Además, cada semana tengo asignada una zona de la casa donde voy haciendo limpieza (¡poco a poco!) y de camino me estoy deshaciendo de todo lo que encuentro innecesario o hace meses que no uso. Además, las niñas están aprendiendo lo mismo, ya que han donado muchos de sus juguetes (que ya no usan) al cole y a la guardería.

Aunque os confieso que todavía no estoy preparada para deshacerme de dos cosas:

1º Todos esos libros de cocina que solo miro muy de vez en cuando.

2º Todos los trabajos que las niñas traen del colegio al finalizar cada trimestre.

Estoy simplificando mi vida de muchas maneras: en citas, en mirar el email e internet solo dos veces al día, en aprender a decir no a lo que antes sentía que eran compromisos, en priorizar en mis tareas y comenzar siempre por lo más importante. ¿Y todo esto por qué? Porque mi mayor objetivo es poder pasar más tiempo con mi marido y mis hijas. Disfrutar de ese tiempo y no estar pensando en todo lo que tengo que hacer o todo lo que está sucio en casa.

Os cuento mi secreto: lo más importante para mi es tener la cocina siempre recogida, así que después de cada comida todo vuelve a estar como estaba (¡incluso después de la cena!). Las niñas van recogiendo y trayendo todo a la zona del fregadero y yo o JL nos encargamos de fregar y meter en el lavavajillas.

También dejamos los cuartos recogidos por la mañana, ¡parece mentira que con tan solo estirar el nórdico el cuarto parece otro! Las niñas poco a poco están aprendiendo a que tienen que dejar el nórdico estirado y el pijama debajo de la almohada. Da igual si no está demasiado bien hecho, con los años ya mejorarán.

Pues con todas estas idea bullendo en mi mente y con este plan de acción, JL me envió ayer un artículo de Simple Mom sobre el secreto de un hogar feliz . Mientras lo leía he reflexionado muchísimo sobre si mi hogar es un hogar feliz. Pensaba en lo ocupada que estoy siempre con las niñas, con la casa, con mis proyectos. Pensaba en que la gente muchas veces me pregunta que cómo puedo hacer tantas cosas con tres niñas… y es porque soy muy organizada, llevo mi agenda a raja tabla, me lo apunto todo y no pasa un día sin que haga lo que me he propuesto, además de la inestimable ayuda de mi madre (que siempre está dispuesta para hacerme de canguro o cuando viene a casa siempre me ayuda). ¿Y mi casa? Pues esto es lo que me genera el verdadero estrés. Confieso que la quiero tener siempre reluciente, que si una visita me viene de imprevisto no me dé vergüenza de todo lo que pueda haber por en medio… supongo que lo he heredado del lado andaluz de mi  madre en que todo tiene que estar reluciente.

Quizás muchas veces damos, damos y damos a nuestra familia y nos olvidamos de nosotros mismos. Mi marido me ve tan concienciada y metida en el tema me recomendó que leyera el  blog de Leo Babauta y algún libro suyo. Una de las lecciones que he aprendido es a levantarme temprano y relajarme. Ahora me pongo el despertador a las 7h. y aprovecho para leer un buen rato, pensar, meditar (leo la Biblia, somos protestantes y para mí es muy importante saber qué quiere decirme Dios)… También me siento y simplemente me tomo un café con mi agenda delante, pensando en cómo voy a afrontar el día… En definitiva tengo un tiempo de reflexión, organización y hago algo que me apetezca mucho hacer y que sea relajado (¡esto no incluye mirar internet, ni el correo!).

Así que a partir de hoy bueno llevo semanas trabajando en ello,  pienso tener un cambio de actitud, quiero ser feliz y hacer feliz a mi familia… No importa si las paredes están llenas de dedos, si no han tirado de la cadena del wáter, si mi marido se ha dejado ropa sin guardar, si yo tengo 4 vaqueros y 3 tres jerséis en la silla de nuestro cuarto… poco a poco todos mejoraremos y lo importante para ser felices no es tener una casa reluciente, sino pasar tiempo juntos jugando, leyendo, riendo, cocinando… sabiendo que nos queremos, que nos escuchamos y que el amor por mi familia llega hasta la luna.