Gracias a Anna, mi hija mayor, es probable que esté escribiendo estas lineas y me haya adentrado a no sólo leer y comentar si no también participar activamente como autora en el fascinante mundo de los blogs.

Anna nació en el 2005 tras los 9 meses más intensos de mi vida, al menos hasta entonces. Ella fue una niña deseada desde el primer momento, cosa que nunca cambió a pesar de que a lo largo del embarazo mi marido y yo fuimos conociendo algunas cosas acerca de ella. En la semana 12 de la gestación los médicos detectaron que tenía el pliegue nucal aumentado y en la semana 20 vieron que tenía una cardiopatía congénita. Juntando ambos hechos era muy probable que Anna tuviera algún tipo de alteración cromosómica pero descartamos averiguarlo mediante una amniocentesis ya que decidimos que íbamos a tener a Anna en cualquier caso y que no merecía la pena correr el más mínimo riesgo de perderla.

A lo largo de las siguientes revisiones y ecografías todo pareció apuntar hacia el hecho de que Anna tenía síndrome de Down y fue el 1 de octubre de 2005, a las 18.07h. que nada más ver su cara, dije a los médicos (el parto fue en quirófano y mi marido no pudo estar presente) que ¡qué guapa era mi niña con síndrome de Down!

Desde ese día Anna ha influenciado mi vida y la de todos aquellos que la rodean de una forma en la que jamás hubiéramos podido imaginar. Su vida está relatada desde antes de que naciera junto a muchos datos y recursos sobre el síndrome de Down en el blog que mantiene mi marido, www.elblogdeanna.es.

Gracias a Anna tal y como también cuento en la página acerca de mí creció mi interés en la cocina que me llevó a adentrarme especialmente en el mundo de la pastelería al querer prepararle pasteles especiales para sus cumpleaños. Anna, ¡gracias una vez más por todo lo que significas para nosotros!