Enseñar a un niño a cocinar a una temprana edad es para mí una parte fundamental de su educación. Si involucramos a nuestros hijos e hijas a la hora de preparar, elaborar o por qué no, crear diferentes platos, tenemos la oportunidad de dotarles de una habilidad que les servirá de por vida. ¡Pero compartir tiempo en la cocina con nuestros hijos supone en realidad una oportunidad para mucho más!

Supone que aprendan a tomar decisiones como qué plato quieren preparar o qué ingredientes quieren usar. Supone que innoven explorando diferentes posibilidades y combinaciones. Supone pasar horas y horas junto a ellos trabajando codo con codo, potenciando su autoestima o manteniendo conversaciones de todo tipo mientras elaboramos platos en familia. Supone pasar tiempo de calidad juntos en un contexto en el que pueden surgir conversaciones de forma espontánea. Supone potenciar las habilidades psicomotrices de nuestros hijos. Si les damos la responsabilidad de leer las recetas supone más horas de exposición a la lecto-escritura. Supone potenciar sus habilidades matemáticas, haciéndoles ejercitar la mente a la hora de leer, entender y manejar diferentes medidas en diferentes unidades, y cómo éstas se relacionan entre ellas. Y por supuesto elaborar su propia comida supone desde una temprana edad una oportunidad de enseñarles a comer de una forma saludable.

Como padres si ya hacerles comer lo que creemos adecuado es un reto, hacerles partícipes por completo de todo el proceso culinario lo es mucho más. ¡Pero para mí vale la pena y os animo a probarlo!

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